Uno pensaría que heredar un importante patrimonio sería una buena noticia, pero a Halla le resulta bastante intolerable. Sería feliz dedicándose a sus deberes como ama de llaves y siendo ignorada por todos, pero ahora que ha heredado el codiciado dinero, su extensa familia tiene planes para ella: planes que incluyen encerrarla en su habitación hasta que acepte casarse con su odioso primo. Es entonces cuando saca la espada que ha colgado en su habitación durante años y descubre que en realidad es un hombre. O mejor dicho, un hombre es la espada, y está obligado a protegerla a toda costa.
Sarkis lleva siglos atrapado, obligado a servir y proteger a cualquier persona terrible que desenvaine la espada. En el pasado, esto solía significar innumerables batallas y dolor. Halla no es el tipo de espadachín al que él está acostumbrado: es atenta y amable, habla demasiado y, desde luego, no es terrible. Aún desconfiando el uno del otro, emprenden una misión para asegurar la herencia y la seguridad de Halla, y encuentran amigos y aventuras por el camino.
La habilidad de Kingfisher con el desarrollo de los personajes y el lenguaje hacen que esta novela resulte atractiva y compleja, al tiempo que mantiene la sensación de cuento de hadas. Es un relato eminentemente ameno y muy recomendable.